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La picardía


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La picardía

Hoy en día, y debido (afortunadamente) a la gran libertad existente (en algunos lugares, por supuesto) se ha perdido la “picardía” que antes existía.

Recuero que mi abuela me contaba que en sus tiempos (imagínense cuántos años hace de eso si yo tengo 84) los días de lluvia las mujeres en aquella ciudades con calles no asfaltadas y llenas de barro, se levantaban un poco las faldas para no mancharse. Ese poco de sus piernas que enseñaban, además revestidas con medias de algodón o lana, no de seda transparente, hacía las delicias de los hombres, más imaginando que viendo.

Y es que la imaginación, que en la revuelta francesa se decía que al poder, es muy gratificante para el ser humano si es grande y generosa. La imaginación nos puede hacer ver lo blanco negro o viceversa, que ya es.

En los tiempos difíciles del franquismo en España, cuando la dictadura militar unida a la dictadura de la religión católica gobernaban el país, había que tener mucha imaginación para poder saltar el gran muro de la censura moral que imponían militares y curas. Pero la imaginación no ha faltado jamás en el pueblo llano, y mucho menos en el español.

En las llamadas “revistas musicales” se utilizaban palabras y frases con una carga de picardía que el bobo del censor no captaba. Cuando lean lo que sigue creo que ustedes todos la captarán.

Les diré sobre una revista musical donde una parte de ellas estaba impregnada de mucha picardía. Se cantaba una canción titulada “mantilla de blonda”. La blonda es un encaje de hilo que se confeccionaba en unos cojines llamados “mundillos” de más o menos un metro de largo; estos tenían la forma alargada y redonda. Repito: alargada y redonda. Las mujeres que hacen estos encajes utilizan unos palillos (bolillos) de madera donde con una hebra de hilo atada en un extremo van trenzando los mismos para conseguir esos encajes. En ese número musical la vedette y el coro de mujeres cantaban así, dándole un tono pícaro:

Para hacer un encaje de bolillos
se pone entre las piernas el mundillo
del modo que aquí ve: fíjense...


Por supuesto estas chicas utilizaban un mundillo más pequeño, digamos de 25 centímetros, y al cantar se los ponían entre las piernas, como se hace con los de verdad. Pongo una foto de éstos para que los conozcan si nunca los han visto tejer.

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