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Digamos que hablo de Catalunya


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Digamos que hablo de Catalunya

Establecida en España la II República, sin duda ésta debía afrontar el problema llamado “catalán” con sus reivindicaciones de recuperar su pasado, pues sabido es que Catalunya gozó de un pasado medieval próspero en lo económico y comercial e independiente en lo político y jurídico.

Catalunya fue la primera en reducir el analfabetismo, la rémora española tan acusada en España, así como la modernización e industrialización de sus producciones en el siglo XIX. Esta transformación social catalana, más acorde con las naciones europeas que con la atrasada España, nación en la que, por reserva al entregarse a otros menesteres propios, o por la negativa del centralismo a que colaborarse políticamente en el Estado, alejada del mismo creó un deseo de reverdecer su pasada autonomía, pero que, al verse frustrado desde el centralismo borbónico, se transformó en un incipiente movimiento nacionalista. No aceptados los catalanes para colaborar en el progreso de España, como sí alcanzaron en su propia Catalunya, se entendió por parte de éstos como que no les eran necesarios. Debían, por tanto, buscarse su propio camino.

Catalunya, nación más rica y próspera que cualquier otro rincón de España, con unas ideas más modernas y europeas, y una estructura de cultura mediterránea, podía haber progresado, al mismo tiempo que haría progresar a España, de establecerse un Estado Federal. Así entendido queda claro que, sin duda, tenía que ser rebelde dentro de la idea y estructura de los Borbones, una estructura caduca, centralista y huérfana de imaginación; los catalanes se consideraron estar obligados y unidos a la moribunda Castilla tras la defunción de su esplendoroso imperio, del que ya no quedaba nada más que miseria y derrumbe y la eterna nostalgia...

El incipiente catalanismo, no obstante, debía su fuerza expansiva a una combinación de su empuje económico y modernidad social en primer lugar, y al renacimiento literario puesto de manifiesto en los Juegos Florales de 1859 y también en los certámenes poéticos en catalán, así como las diversas obras de varios autores, encabezados por Jacint Verdaguer, que comenzaron a difundirse. Por su parte, Milá i Fontanals, con gran erudición, resucitó la literatura antigua catalana, o bien Matian Angulo recopilaba las canciones populares de los pueblos catalanes y los poetas Maragall y Craner, demostraron a los ciudadanos que la lengua catalana se prestaba, por su calidad, a diversos estilos poéticos y líricos. Los catalanes comenzaron a darse cuenta, tras muchas prohibiciones españolas, de lo que verdaderamente eran: catalanes.

Los monjes benedictinos de la Abadía de Montserrat, traducían la Biblia al catalán, y de las innumerables imprentas catalanas de la época salía un alud de obras impresas, originales en catalán o traducciones de los más importantes escritores del mundo. Comenzó a compilarse un voluminoso diccionario catalán y se fundaron muchos periódicos en el idioma, y las manifestaciones culturales catalanas surgían por todas partes: excursiones para redescubrir el paisaje, el culto a la sardana como la danza nacional, creación de innumerables coros populares así como también la adopción como patrona nacional de la Mare de Déu de Monserrat..., fueron manifestaciones culturales de un fuerte nacionalismo político, que, nacido en la década de 1880 por parte de Prat de la Riba, en los años 30 ya contaba con la lealtad de la mayor parte de la clase media catalana. El catalán ya se usaba como nunca en los ayuntamientos, convirtiéndose en la lengua habitual tras tantas prohibiciones acontecidas por parte del centralismo castellanista o españolista. La idea de la España caduca, que la II República no pudo modernizar por culpa de la guerra fascista, ya no interesaba si es que alguna vez interesó. 

La importancia económica de Catalunya al inicio del siglo XX aumentó notablemente gracias al desarrollo que tuvo la producción de energía hidroeléctrica en los Pirineos Orientales. Desde Catalunya se hizo llegar a València y Madrid la energía hidroeléctrica.

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Me encantaría participar activamente en este hilo al que parece que va a dedicar más tiempo y esfuerzo que esos pobres 10 minutos de video. Me fascina la Historia (con mayúsculas) y como territorio latino, mediterráneo y europeo la de Cataluña no es para nada una excepción. Eso sí, le rogaría lo siguiente:

- Sea ordenado: Salta usted de la II República al siglo XIX, vuelta a la II República tras dejar caer algún destello medieval y finalmente termina hablando de la etapa franquista. Comenta sobre la Renaixença sin citarla, se refiere a Prat de la Riba pero sin embargo omite a Francesc Cambó, habla de modernidad y también olvida el profundo y prolongado arraigo que la Inquisición tuvo en Cataluña o la intensa actividad desarrollada por los traficantes de esclavos africanos catalanes, demoniza el periodo borbónico que comienza con la guerra de sucesión de principios del XVIII pero también debería admitir que la economía catalana se vio favorecida con el cambio dinástico en detrimento de otras como la gallega que hasta entonces había gozado de mayor prosperidad... En fin, que hay que contarlo todo y a mi juicio con cierto respeto a la cronología. Es una sugerencia.

- Evite las redacciones propagandísticas y elaboradas "a la contra". Hay un innegable deje supremacista en su relato, que pretende realzar la imagen de Cataluña, lo que me parece bien porque es su tierra y es lo natural, pero no creo que sea necesario hacerlo apoyándose en la degradación de otros territorios. Es cierto que España ha tenido reyes nefastos, y que la perdida de las últimas colonias a finales del siglo XIX la sumió en una profunda crisis, pero esa descripción tan terrible que hace no creo que se ajuste a realidad. Me parece una visión sesgada y parcial, incompleta e incorrecta, e incluso tratada de un modo que no creo que venga a cuento si de lo que se trata es de contar la Historia de Cataluña.

- No generalice de un modo tan simplista ni mezcle churras con merlnas: Este es quizás el aspecto que menos me ha gustado de su texto. No puede usted dar a entender que mientras en Cataluña se producía un fenómeno cultural de gran contenido romántico en el que se pretendió rescatar los signos identitarios propios de la catalanidad (que no del catalanismo, que son conceptos distintos) que siendo como es muy interesante, no le legitima para hablar de una España atrasada, oscura, antigua, incluso parece dar a entender que analfabeta. Le recuerdo que en esa época de crisis política, economica e incluso de ánimo de finales del siglo XIX y principios del XX tuvimos en España dos de las mejores generaciones de creadores desde el punto de vista literario y poético:

Generación del 98:

Miguel de Unamuno, Ángel Ganivet, Valle-Inclán, Jacinto Benavente, Méndez Pidal, Gabriel y Galán, Serafín Álvarez Quintero, Pío Baroja, Azorín, Joaquín Álvarez Quintero, Ramiro de Maeztu, Manuel Machado, Antonio Machado, Francisco Villaespesa y también mujeres como Carmen de Burgos «Colombine», Consuelo Álvarez Pool «Violeta» y Concha Espina entre otros muchos autores.

Generación del 27:

Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Federico García Lorca, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Rosa Chacel, Emilio Prados, Alejandro Collantes de Terán, Jardiel Poncela, Ramón J. Sender, Luis Cernuda, Rafael Alberti, Joaquín Romero Murube, Maria Zambrano, Luisa Carnés, Manuel Altolaguirre, etc, etc, etc.

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hace 23 horas, Garroferal dijo:

Digamos que hablo de Catalunya

Seguiré comentado.1703775884_PIEFIRMA1.thumb.jpg.21a0c44f364330e9a7a762027675c9ac.jpg

(Continuación)

El federalismo, en en cual el catalanismo hubiese encajado fácilmente era, no obstante, una idea más de las izquierdas que de las derechas. Por otra parte surgió un renacimiento valencianista de carácter político menos marcado, así como el mallorquín que también jugó un papel importante en el renacimiento catalán.

En Catalunya existía una multitud de partidos políticos, la gran mayoría encabezados por personas que, en mayor o menor medida, estaban en contra del Estado unitario castellano. Ninguno de ellos pudo actuar en tiempos de la dictadura de primo de Rivera, ni en Catalunya ni en ninguna otra parte, incluso fueron clausurados los centros del prometedor partido de la burguesía catalana, la Lliga Regionalista, lógicamente, ya por su nombre, queda claro que nada separatista. Llegadas la elecciones de abril de 1931, con el triunfo de los antimonárquicos, hay que destacar que en Catalunya el triunfo de éstos fue mayor, porcentualmente, que en el resto de España, y conviene también recordar, para mayor exactitud, que en Catalunya se logró la victoria gracias a Esquerra, un partido de reciente creación cuyo jefe era un militar, con cargo de coronel, hombre de avanzada edad, honorable y romántico, llamado Francisco Macià, —“l’Avi” (el Abuelo)— como se le conocía, el cual durante la dictadura de Primo de Rivera la pasó conspirando contra ella no sólo en la vecina Francia, sino en América Latina, e incluso en Moscú. Esquerra era un partido de intelectuales y de pequeños comerciantes, que representaba la clase media baja de Barcelona.

Cercano al año 1930, los industriales catalanes llegaron a sentir cierto temor ante la actuación de los anarquistas en sus fabricas, ocurridas violentamente entre 1917 y 1923 principalmente, los cuales por ese temor de ver peligrar sus posesiones llegaron a aliarse con las ortodoxas derechas españolas. La clase alta de Catalunya, la alta burguesía, hubo un tiempo en que deseó participar en la política española con la idea de regenerarla y modernizarla ante el auge que Catalunya mostraba a España; su líder, Cambó, un antiguo combatiente contra los caciques locales a principios del siglo, ahora combatía a las izquierdas y los radicales. En diversos momentos el movimiento catalán llegó a unir a izquierdas y derechas en la causa nacionalista, en especial en la alianza llamada Solidaridad Catalana en 1906, pero en los años cercanos a 1930 la posibilidad de volver a resurgir ese frente común, quedaba muy remota.

Las diputaciones provinciales de las cuatro provincias catalanas, en 1913 se fusionaron para determinadas funciones, tal cual la denominada ley de Canalejas, con la finalidad de crear la precursora de una autonomía, la Mancomunidad, la cualno afectaría a la soberanía española, pero el dictador Primo de Rivera la abolió. Años después se pensó que podía restaurarse, pero entonces Esquerra iría más lejos. Manuel Formiguera, abogado catalán, invocó a Catalunya para que “declarase la guerra a España”. En 1931, al salir al balcón del edificio de la plaza de Sant Jaume los concejales elegidos en sufragio universal, no sólo se oyó cantar La Marsellesa y Els Segadors (el himno nacional catalán) sino gritos entre los muchísimos asistentes que llenaban la plaza, reclamando una República Catalana Independiente.

Lluís Companys, lugarteniente de Macià, era un joven abogado de gran prestigio y excelente reputación que en los años 30 defendió a anarquistas cobrándoles honorarios simbólicos, proclamó la República, y al poco tiempo, una hora aproximadamente, desde la Generalitat ,Macià proclamó la República Catalana como Estado integrante de la Federación Ibérica. Por este motivo, Fernando de los Ríos, Nicolau d’Olwer y Marcelino Domingo (catalanes estos dos últimos) hicieron un viaje relámpago desde Madrid a Barcelona, con la idea de persuadir a Macià a que esperase la aprobación por parte de las nuevas Cortes, que iban a ser elegidas inmediatamente, de un Estatuto Catalán de autonomía. Macià accedió a pesar de que Barcelona estaba en sus manos, con ello demostró ser paciente por una parte y sensato por otra, ya que los habitantes de Barcelona, en aquellos tiempos, no eran ni mucho menos todos catalanes, un tercio de su población estaba compuesta de inmigrantes españoles, no pudiendo adivinar sus opiniones políticas.

(Seguiré comentando)

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hace 17 horas, Garroferal dijo:

(Continuación)

El federalismo, en en cual el catalanismo hubiese encajado fácilmente era, no obstante, una idea más de las izquierdas que de las derechas. Por otra parte surgió un renacimiento valencianista de carácter político menos marcado, así como el mallorquín que también jugó un papel importante en el renacimiento catalán.

En Catalunya existía una multitud de partidos políticos, la gran mayoría encabezados por personas que, en mayor o menor medida, estaban en contra del Estado unitario castellano. Ninguno de ellos pudo actuar en tiempos de la dictadura de primo de Rivera, ni en Catalunya ni en ninguna otra parte, incluso fueron clausurados los centros del prometedor partido de la burguesía catalana, la Lliga Regionalista, lógicamente, ya por su nombre, queda claro que nada separatista. Llegadas la elecciones de abril de 1931, con el triunfo de los antimonárquicos, hay que destacar que en Catalunya el triunfo de éstos fue mayor, porcentualmente, que en el resto de España, y conviene también recordar, para mayor exactitud, que en Catalunya se logró la victoria gracias a Esquerra, un partido de reciente creación cuyo jefe era un militar, con cargo de coronel, hombre de avanzada edad, honorable y romántico, llamado Francisco Macià, —“l’Avi” (el Abuelo)— como se le conocía, el cual durante la dictadura de Primo de Rivera la pasó conspirando contra ella no sólo en la vecina Francia, sino en América Latina, e incluso en Moscú. Esquerra era un partido de intelectuales y de pequeños comerciantes, que representaba la clase media baja de Barcelona.

Cercano al año 1930, los industriales catalanes llegaron a sentir cierto temor ante la actuación de los anarquistas en sus fabricas, ocurridas violentamente entre 1917 y 1923 principalmente, los cuales por ese temor de ver peligrar sus posesiones llegaron a aliarse con las ortodoxas derechas españolas. La clase alta de Catalunya, la alta burguesía, hubo un tiempo en que deseó participar en la política española con la idea de regenerarla y modernizarla ante el auge que Catalunya mostraba a España; su líder, Cambó, un antiguo combatiente contra los caciques locales a principios del siglo, ahora combatía a las izquierdas y los radicales. En diversos momentos el movimiento catalán llegó a unir a izquierdas y derechas en la causa nacionalista, en especial en la alianza llamada Solidaridad Catalana en 1906, pero en los años cercanos a 1930 la posibilidad de volver a resurgir ese frente común, quedaba muy remota.

Las diputaciones provinciales de las cuatro provincias catalanas, en 1913 se fusionaron para determinadas funciones, tal cual la denominada ley de Canalejas, con la finalidad de crear la precursora de una autonomía, la Mancomunidad, la cualno afectaría a la soberanía española, pero el dictador Primo de Rivera la abolió. Años después se pensó que podía restaurarse, pero entonces Esquerra iría más lejos. Manuel Formiguera, abogado catalán, invocó a Catalunya para que “declarase la guerra a España”. En 1931, al salir al balcón del edificio de la plaza de Sant Jaume los concejales elegidos en sufragio universal, no sólo se oyó cantar La Marsellesa y Els Segadors (el himno nacional catalán) sino gritos entre los muchísimos asistentes que llenaban la plaza, reclamando una República Catalana Independiente.

Lluís Companys, lugarteniente de Macià, era un joven abogado de gran prestigio y excelente reputación que en los años 30 defendió a anarquistas cobrándoles honorarios simbólicos, proclamó la República, y al poco tiempo, una hora aproximadamente, desde la Generalitat ,Macià proclamó la República Catalana como Estado integrante de la Federación Ibérica. Por este motivo, Fernando de los Ríos, Nicolau d’Olwer y Marcelino Domingo (catalanes estos dos últimos) hicieron un viaje relámpago desde Madrid a Barcelona, con la idea de persuadir a Macià a que esperase la aprobación por parte de las nuevas Cortes, que iban a ser elegidas inmediatamente, de un Estatuto Catalán de autonomía. Macià accedió a pesar de que Barcelona estaba en sus manos, con ello demostró ser paciente por una parte y sensato por otra, ya que los habitantes de Barcelona, en aquellos tiempos, no eran ni mucho menos todos catalanes, un tercio de su población estaba compuesta de inmigrantes españoles, no pudiendo adivinar sus opiniones políticas.

(Seguiré comentando)

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Tenia intención de comentar algunos aspectos de su relato, de hacer aportaciones porque de nuevo creo que hay omisiones importantes y alguna que otra tergiversación (el papel de los carlistas, Cambó y el golpe de Estado del 36, la "castellanizacion" de las clases altas catalanas por razón de conveniencia, los aspectos negativos de la historia política de Companys, como Maciá negocia y acepta el Estatuto de autonomía frente a cualquier otra alternativa, etc)

Pero esta afirmación suya me ha matado:

...los habitantes de Barcelona, en aquellos tiempos, no eran ni mucho menos todos catalanes, un tercio de su población estaba compuesta de inmigrantes españoles.

¿Es que los catalanes no eran españoles?

Si es que por la boca muere el pez, señor "no independentista."

Me parece que ya no sigo con esto. Su propaganda carece de interés para mi. Es usted más falso que un billete de tres euros con eso de que no tiene problemas con su españolidad. Padece usted de una hispanofobia bastante evidente, basada en una visión deformada, sesgada, e incluso en algunos aspectos falsa de España, a lo que se añade su supremacismo catalanista. El resultado habitual de haber comprado el discurso nacional-populista del independentismo catalán.

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Inmigrantes llegados a Barcelona, a principios del siglo, procedentes de Andalucía.

INMIGRANTE, según la RAE es adjetivo que se aplica a la persona que llega a un país O REGIÓN, diferente de su lugar de origen para establecerse en él temporalmente o definitivamente. En los años que comento, principios del siglo XX, la inmigración que llegaba a Catalunya era en exclusiva de España, no como ahora que podemos encontrar inmigrantes de medio mundo.

Pero bueno, como a palabras necias oídos sordos, y como habiendo días enteros no hay que hacer caso a los mediodías, yo sigo con lo mío, y los irrespetuosos, maleducados, incaicos, prepotentes..., que sigan por el suyo. 

 

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(Continuación)

Lo que podríamos denominar como “luna de miel” de la nueva República duró escasamente un mes. Ésta salía caricaturizada como “la niña bonita” en la línea de la feliz Marianne del otro lado de los Pirineos. El gobierno hizo planes para que en el venidero junio hubiesen elecciones, de las cuales saldrían unas Cortes provisionales, quines deberían aprobar una Constitución. Por otra parte la monárquica bandera roja y gualda fue sustituida por una tricolor: roja, amarilla y morada; el himno nacional pasó de ser la “Marcha Real” al “Himno de Riego”, himno que ya lo fuera de los constitucionalistas en 1820, y muchas calles fueron rotuladas con nombres de resonancia republicana.

Companys que se convirtió en el primer gobernador civil republicano de Barcelona, en un grave error, a mi parecer,ordenó destruir de los archivos policiales, junto a los datos de los anarquistas aquellos pertenecientes a delincuentes comunes. Mal comienzo para una democracia, pues en ella, aunque las leyes deben ser muchísimo más permisivas que en una dictadura, especialmente en ideas políticas, en lo que afecta a la delincuencia común debe ser muy rígida, de lo contrario la sociedad se convierte en una selva donde el más fuerte puede salir victorioso.

En la parte positiva de la República inicial, hay que resaltar los proyectos para construir en toda España miles de escuelas primarias, un país donde el analfabetismo era enorme y vergonzoso. El 6 de mayo decretó que a partir de ese momento la instrucción religiosa ya no sería obligatoria, aunque sí podría darse a los niños cuyos padres la solicitaran. Para cualquier persona sensata, era lo correcto, pero en la derecha española, casposa, católica y dominante, tal decisión se vio como un peligro de que los españoles alcanzaran un nivel de conocimiento y cultura que podrían transformar se en exigencias mayores; analfabetos y bajo la disciplina del clero, era masa más apetecible para sus fines. Esa decisión republicana acerca de culturizar a los españoles era, además de necesario, el cambio más sorprendente de la historia española. Por desgracia no se alcanzó...

Pero claro, la libertad que ofrecía la República, para gran parte de aquella sociedad inculta, y no por quererlo o desearlo, sino por decisión durante siglos de sus gobernantes, hubieron algunos que la consideraron como enemiga, y si para la derecha la enseñanza general lo era, para ciertos grupos como los anarquistas se aprovecharon de la actitud benévola de Macía para “saldar viejas cuentas” en Barcelona, pese a que desde el territorio nacional el anarquismo se había declarado contrario a una vuelta al terrorismo.

Es importante tener en cuenta que la República no hizo ninguna purga en la administración nacional ni local, ni en la policía, el profesorado o las representaciones del gobierno, como tampoco en la judicatura o el ejército. Sin embargo esta combinación de políticos inexpertos y reformistas con una estructura gubernamental conservadora, incluso ultra en muchos casos, presentaría muchas dificultades. Fue, a mi parecer, otro error republicano, no es que hubiese necesidad de una gran purga, cosa que la derecha sí lo hizo, pero no hay vivienda que se resista a los avatares de una enorme tempestad si no tiene una cimentación adecuada. Con gente excesivamente conservadora en todos los ámbitos, el progreso tropezaría constantemente. La historia nos demuestra que así fue.

Ante la tan cacareada depresión mundial, y si bien en España había sido menos dura que en los países industriales más avanzados, aquí también presentó dificultades, especialmente en el terreno de la minería. En 1931 en Catalunya, la nación española más industrializada, también comenzó a notarse los efectos de la depresión. Por otra parte hubo un gran regreso hacia España de muchos trabajadores que marcharon al extranjero, particularmente de América, lo cual hizo aumentar el paro en las regiones españolas más pobres, como Galicia o Andalucía. En el campo el paro fue mucho más numeroso y grave que en las ciudades, y hay que recordar que en España se desconocía el subsidio de paro, y los servicios sociales por lo general eran rudimentarios, si los comparamos con los existentes en el norte de Europa.

Todo este conjunto de problema sociales hizo estallar diferentes conflictos que continuarían hasta la in-civil guerra, por estar la sociedad tan dividida en los dos sempiternas España, una de las cuales, por su violencia, la caracterizó la pastoral del cardenal Segura, arzobispo de Toledo y primado de la Iglesia española, hecha pública a principios de mayo.

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hace 1 hora, Garroferal dijo:

 

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Inmigrantes llegados a Barcelona, a principios del siglo, procedentes de Andalucía.

INMIGRANTE, según la RAE es adjetivo que se aplica a la persona que llega a un país O REGIÓN, diferente de su lugar de origen para establecerse en él temporalmente o definitivamente. En los años que comento, principios del siglo XX, la inmigración que llegaba a Catalunya era en exclusiva de España, no como ahora que podemos encontrar inmigrantes de medio mundo.

Pero bueno, como a palabras necias oídos sordos, y como habiendo días enteros no hay que hacer caso a los mediodías, yo sigo con lo mío, y los irrespetuosos, maleducados, incaicos, prepotentes..., que sigan por el suyo. 

 

No venga con cuentos. Usted ha diferenciado a los catalanes de los "inmigrantes españoles" no porque fueran inmigrantes (en ese caso el apelativo "españoles está de más) sino que ha establecido una diferenciación entre "catalanes" y "españoles".

 Pero no sólo eso. Vamos a analizar con más detenimiento ese párrafo:

"Macià accedió a pesar de que Barcelona estaba en sus manos, con ello demostró ser paciente por una parte y sensato por otra, ya que los habitantes de Barcelona, en aquellos tiempos, no eran ni mucho menos todos catalanes, un tercio de su población estaba compuesta de inmigrantes españoles, no pudiendo adivinar sus opiniones políticas."

Es fácil deducir que, para usted, los "auténticos catalanes" son los que apoyaban a Maciá, cuando en la ciudad emblemática por excelencia, Barcelona, obtuvo un 31% de los votos frente al 21% de la Conjunción Repúblicano-Socialista (partido en el que había un poco de todo, desde los federalistas de PRF, los autonomistas del PURA, los híbridos del PSOE de entonces o los muy poco catalanistas del PRR de Lerroux). La Lliga de Cambó, que representaba al regionalismo moderado que no rechazaba la monarquía, también obtuvo el 21% 

La victoria de Maciá fue clara, pero no abrumadora. Y muchos catalanes que supongo que usted consideraría auténticos no lo votaron. Pero usted con su mensaje da a entender que sólo 1/3 de la ciudad no lo apoyaba, a los que etiqueta de "inmigrantes españoles".

Hay otro párrafo que también me parece maravilloso:

"Cercano al año 1930, los industriales catalanes llegaron a sentir cierto temor ante la actuación de los anarquistas en sus fabricas, ocurridas violentamente entre 1917 y 1923 principalmente, los cuales por ese temor de ver peligrar sus posesiones llegaron a aliarse con las ortodoxas derechas españolas."

Francesc Cambó, al que se le podría considerar perfectamente el padre del catalanismo moderno, fue un aliado de las tropas sublevadas de lo más eficaz, no sólo en Cataluña, sino en el resto de España, además de que probablemente sería el rival más encarnizado que tuviera Maciá.

Cambó apoyó públicamente el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 al que aportó fondos para su financiación, distribuyó entre los militares sublevados un manifiesto de adhesión para que no sospechasen de él y desde Francia e Italia inicia una labor de espionaje creando el SIFNE (Servicio de Información de la frontera del nordeste español) que pone a disposición de la Junta Militar de Burgos.

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